Muchos pequeños y medianos comerciantes piensan que sus negocios no serían objeto de un ataque cibernético o “hackeo”, como se le llama. “¿Quién va a querer hackearme a mí?”, dicen.
Pero la respuesta es muy simple: muchos. Estos negocios son atractivos precisamente porque suelen tener menos protección y menor capacidad de respuesta.
El WiFi es parte de los servicios que ofrecen las pymes, tanto para su personal y clientela como para los procesos de gestión interna, transacciones monetarias, compra de inventario y vigilancia electrónica, entre otras funciones.
Muchas veces, la configuración de un WiFi de negocio se hace una sola vez y rara vez se revisa, algo que también ocurre en el hogar. Contraseñas débiles, routers sin actualizar o redes mal configuradas son justo lo que necesita un atacante cibernético para entrar a la red, interceptar el tráfico, acceder a dispositivos conectados, instalar programas maliciosos y realizar transacciones monetarias que podrían dejarnos en la ruina.
El acceso de un tercero a la red WiFi de un hogar o negocio no significa necesariamente que borren nuestra página web o cuentas de servicios. El atacante puede, sin que lo descubramos, robar credenciales e información personal y financiera, no solo nuestra, sino también de nuestros clientes.
Además de invertir en publicidad, los comerciantes deben destinar una partida a la ciberseguridad. No se trata de volverse expertos en informática, sino de adoptar prácticas como la autenticación multifactor, copias de seguridad, actualizaciones periódicas, capacitación y asesoría especializada.
Mejor invertir a tiempo que perder, en un momento, lo que ha costado años crear.














