Cuando escuchamos el término “granja de bots”, sabemos que es un asunto que genera debate. El tema no es nada nuevo y con frecuencia nos topamos con publicaciones, respuestas o cifras sin notar que son manejadas.
Estas “granjas” son redes organizadas de cuentas automáticas diseñadas para simular actividad humana en la internet, principalmente en redes sociales. Básicamente, se les programa para inflar tendencias, manipular conversaciones, inundar una transmisión “live” con miles o millones de “seguidores”, desinformar, difundir temas específicos y/o alterar la percepción pública de un tema, persona o producto.
El “arte” de manejar “bots” ha evolucionado en los pasados años gracias al uso de la inteligencia artificial. Los bots modernos ya no se limitan a repetir mensajes idénticos, estas falsas cuentas pueden escribir mensajes con coherencia, pueden interactuar en tiempo real y simular comportamientos, lo que los hace muy convincentes.
Suena complicado, y hasta cierto punto lo es. Estas operaciones pueden funcionar con un programa especializado que puede controlar miles de cuentas de manera simultánea. Estos “softwares” son programados de antemano para que entren a determinada plataforma y tomen la acción que se les ordena. Otra tendencia es el utilizar espacios físicos repletos de teléfonos inteligentes donde personas reales ejecutan interacciones masivas con la intención de evadir los sistemas de detección de las distintas plataformas.
Las empresas tras las plataformas digitales invierten millones de dólares en herramientas de detección y eliminación de cuentas falsas; sin embargo, según estas mismas plataformas avanzan, convierten en más retante el poder controlar el problema. Además, las empresas que crean y venden sus servicios de granjas de bots también evolucionan constantemente.














