Durante los últimos años, la inteligencia artificial ha estado presente principalmente en nuestras computadoras y teléfonos inteligentes. Chatbots, asistentes virtuales y generadores de imágenes han captado la atención del público y transformado la manera en que trabajamos y consumimos información. Ahora, la IA se prepara para entrar en el mundo físico.
Nos referimos al uso de la inteligencia artificial en objetos tangibles, no con lavadoras, televisores y otros electrodomésticos, que ya han entrado a ese “club”, sino con aparatos avanzados como robots y otros tipos de maquinaria que pueden hacer tareas físicas. A diferencia de los conocidos sistemas que responden preguntas o generan contenido digital, estos aparatos o dispositivos pueden observar su entorno, tomar decisiones y ejecutar acciones físicas de manera autónoma.
Aunque la producción y distribución masiva de estos robots autónomos tardará algunos años, las áreas que más se beneficiarían serían la manufactura, centros de distribución y logística, hospitales y asistencia médica, la construcción, la agricultura, así como los servicios domésticos y cuidado de adultos mayores. Imaginemos en Puerto Rico, donde estos robots podrían trabajar en los muelles, en fincas, en hospitales y hospicios.
Las empresas que comiencen a familiarizarse desde ahora con la automatización inteligente tendrán una ventaja competitiva cuando estas tecnologías se vuelvan más accesibles. Desde ya, compañías como NVIDIA, Tesla, Meta y OpenAI ven en la robótica inteligente una oportunidad de mercado que bien podríamos comparar con el auge de la internet o los teléfonos inteligentes.
No obstante, estos avances tecnológicos siempre traen interrogantes sobre regulación, seguridad y empleo. Si ya la IA ha transformado la forma en que vivimos y trabajamos, su implementación en sistemas autónomos que puedan interactuar con los humanos y ayudar en tareas físicas impactará vidas y trabajos en los próximos años.














