El gigante tecnológico Microsoft presentó en días pasados una versión renovada de su asistente Copilot, que incorpora “Home”, “Code” y “Autopilot”, herramientas para analizar información, crear documentos, desarrollar aplicaciones y ejecutar tareas autónomamente.
La pieza que más llamó mi atención fue Autopilot. Microsoft lo describe como un agente persistente al que podemos asignar un nombre, un rol y un objetivo. Puede trabajar con Teams, Outlook y otros recursos, continuar determinadas tareas y operar dentro de los permisos que le conceda la organización.
Code permite que escribamos en lenguaje natural lo que queremos construir —desde una aplicación hasta una automatización— y utilizar la IA para desarrollarlo, un concepto parecido a plataformas como Lovable.
Mientras, Home es la puerta de entrada. Allí escribimos lo que necesitamos y Copilot puede llevarnos a la herramienta adecuada. También integra experiencias de Word, Excel y PowerPoint.
En palabras simples, Home entiende qué queremos hacer. Code ayuda a construirlo. Autopilot puede encargarse de ejecutarlo.
Vemos que el mundo de la inteligencia artificial y sus productos cambian a pasos muy acelerados y este nuevo Copilot no es la excepción. Microsoft ha querido cambiar la fórmula actual de pregunta = contestación, ahora la propuesta es “decirle qué quiero lograr” y permitir que haga parte del trabajo.
Eso sí, aquí no estamos jugando a hacer fotos de cómo lucíamos en los 80. Mientras más autonomía le damos a la IA, más importantes se vuelven los permisos, la seguridad y la supervisión.














